domingo, 28 de abril de 2013

6. DEL FALANGISMO AL COMIENZO DE LA ILUSTRACIÓN

Los años 50 fueron años de consolidación del régimen sin cambiar en lo esencial. Su esquivo alineamiento con Alemania y su aislamiento internacional habían pasado. La hija de Franco se casó con Martínez Bordiu, por lo que los negocios de Bordiu y de otros allegados fueron enriqueciendo al clan del Pardo. La Falange había ido perdiendo peso y acusó a Franco de haber traicionado los principios del movimiento.

El descontento de la Falange creció al hilo de los acuerdos bilaterales con Estados Unidos y la certeza de que católicos y monárquicos habían adquirido mayor fuerza en la estructura del gobierno. La normalización de las relaciones con la Iglesia (Concordato) favoreció el crecimiento de las asociaciones católicas laicas. Los ministros católicos se convirtieron en adversarios de la Falange y de sus iniciativas.

Franco ve que la sociedad está cambiando, la Falange intentará de nuevo copar parcelas de poder. En Mayo de 1956 reunió una comisión que haría una serie de leyes fundamentales: volver a situar el partido falangista en el estado y por encima del gobierno. En estos años se observa que el gobierno no tiene unas directrices claras. La comisión estaba compuesta por burócratas falangistas y por miembros del gobierno. Se habían redactado tres proyectos: Ley Orgánica del movimiento, que le daba a la Falange una autoridad absoluta tras la muerte de Franco; Ley de organización administrativa del gobierno, que justificaba la hegemonía de la Falange; Ley de Principios de Movimiento Nacional, que pretendía fundamentar la ideología del franquismo en un decálogo.

El régimen tuvo logros en política exterior con el Vaticano, Estados Unidos y con la entrada en la ONU. La Falange presentó una reforma de leyes fundamentales para movilizar a toda la clase política. Franco terminó por bloquear la vuelta a la fascistización del régimen. Carrero Blanco advirtió a Franco que debía acometer cambios para reforzar su autoridad personal. Carrero Blanco es un franquista y un nacional-católico puro, choca con los falangistas.

Se intentará, en la modernización autoritaria del régimen, racionalizar la economía mediante reformas en el ámbito administrativo del Estado. Dejan inmaculado el ámbito político, cuya autoridad máxima sigue siendo Franco. Franco optó por archivar el tema de la institucionalización del régimen y la cuestión sucesoria. Se nombró a Don Juan Carlos como el heredero oficial del caudillo (Franco esperaba que Don Juan en los años 60 cediese los derechos dinásticos a su hijo Juan Carlos).

En el nuevo gobierno se enfrentaban dos grandes tendencias: los tecnócratas, que aspiraban a una reinstalación de la monarquía sin realizar modificación significativa en el régimen; y los continuistas, que defendían reformas en el régimen para que sobreviviera a Franco.

Mediante la “operación salmón” se colocaría a Juan Carlos en la línea de la sucesión de Franco. El 21 de Julio de 1969 Franco presentó la resolución ante el Consejo del Reino y al día siguiente la remitió a las Cortes. Fue como un balde de agua fría para la Falange.

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