Los años 50 fueron años de consolidación del régimen sin cambiar
en lo esencial. Su esquivo alineamiento con Alemania y su aislamiento
internacional habían pasado. La hija de Franco se casó con Martínez
Bordiu, por lo que los negocios de Bordiu y de otros allegados fueron
enriqueciendo al clan del Pardo. La Falange había ido perdiendo peso y
acusó a Franco de haber traicionado los principios del movimiento.
El descontento de la Falange creció al hilo de los acuerdos
bilaterales con Estados Unidos y la certeza de que católicos y
monárquicos habían adquirido mayor fuerza en la estructura del gobierno.
La normalización de las relaciones con la Iglesia (Concordato)
favoreció el crecimiento de las asociaciones católicas laicas. Los
ministros católicos se convirtieron en adversarios de la Falange y de
sus iniciativas.
Franco ve que la sociedad está cambiando, la Falange intentará de
nuevo copar parcelas de poder. En Mayo de 1956 reunió una comisión que
haría una serie de leyes fundamentales: volver a situar el partido
falangista en el estado y por encima del gobierno. En estos años se
observa que el gobierno no tiene unas directrices claras. La comisión
estaba compuesta por burócratas falangistas y por miembros del gobierno.
Se habían redactado tres proyectos: Ley Orgánica del movimiento, que le
daba a la Falange una autoridad absoluta tras la muerte de Franco; Ley
de organización administrativa del gobierno, que justificaba la
hegemonía de la Falange; Ley de Principios de Movimiento Nacional, que
pretendía fundamentar la ideología del franquismo en un decálogo.
El régimen tuvo logros en política exterior con el Vaticano,
Estados Unidos y con la entrada en la ONU. La Falange presentó una
reforma de leyes fundamentales para movilizar a toda la clase política.
Franco terminó por bloquear la vuelta a la fascistización del régimen.
Carrero Blanco advirtió a Franco que debía acometer cambios para
reforzar su autoridad personal. Carrero Blanco es un franquista y un
nacional-católico puro, choca con los falangistas.
Se intentará, en la modernización autoritaria del régimen,
racionalizar la economía mediante reformas en el ámbito administrativo
del Estado. Dejan inmaculado el ámbito político, cuya autoridad máxima
sigue siendo Franco. Franco optó por archivar el tema de la
institucionalización del régimen y la cuestión sucesoria. Se nombró a
Don Juan Carlos como el heredero oficial del caudillo (Franco esperaba
que Don Juan en los años 60 cediese los derechos dinásticos a su hijo
Juan Carlos).
En el nuevo gobierno se enfrentaban dos grandes tendencias: los
tecnócratas, que aspiraban a una reinstalación de la monarquía sin
realizar modificación significativa en el régimen; y los continuistas,
que defendían reformas en el régimen para que sobreviviera a Franco.
Mediante la “operación salmón” se colocaría a Juan Carlos en la
línea de la sucesión de Franco. El 21 de Julio de 1969 Franco presentó
la resolución ante el Consejo del Reino y al día siguiente la remitió a
las Cortes. Fue como un balde de agua fría para la Falange.
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